TRANSFORMANDO – Abelardo Pérez Estrada
La salida de Marx Arriaga de la Secretaría de Educación Pública no es un episodio menor, es una señal de cómo opera el poder cuando la disciplina política sustituye al debate técnico, cuando cuestionar la línea oficial implica quedar fuera, el mensaje interno es claro: alineación primero, argumentos después.
Esa lógica que funciona en campaña, en educación es devastadora.
Durante décadas, los gobiernos han tratado el sistema educativo como herramienta política; El PRI lo amarró al corporativismo sindical; El PAN negoció estabilidad a cambio de reformas parciales; Morenaprometió ruptura, pero terminó rediseñando planes de estudio bajo su propia narrativa ideológica, reduciendo contrapesos y minimizando la crítica interna.
Cambian los gobiernos, pero no cambia la tentación de usar las aulas como campo de batalla política.
Mientras tanto, los datos no aguantan propaganda: en PISA 2022, México obtuvo 395 puntos en matemáticas, 415 en lectura y 410 en ciencias, el promedio de la OCDE ronda los 472 puntos en matemáticas; Más del 65% de los estudiantes mexicanos no alcanza el nivel básico en matemáticas; No estamos discutiendo competitividad global; estamos fallando en habilidades elementales.
Pero el dato más brutal no es el puntaje, es la permanencia, después de la pandemia, más de 1.2 millones de estudiantes no regresaron a la escuela, en educación media superior, la tasa de abandono anual ronda el 12%, uno de cada diez jóvenes se queda fuera cada año en el nivel que determina su acceso a empleo formal y movilidad social.
Ese es el verdadero drama educativo del país: No el relato ideológico; No la narrativa curricular; No el discurso de transformación.
Mientras el debate se centra en identidad política, el sistema pierde estudiantes y pierde calidad al mismo tiempo.
Cuando la lealtad es requisito para permanecer en el cargo, la crítica se vuelve riesgo y cuando la críticadesaparece, la evaluación se debilita, y peor aun cuando la evaluación se debilita, el deterioro se normaliza.
No se trata de defender a Marx Arriaga, se trata de entender el síntoma: en México, cuestionar la política educativa puede costar el puesto, y ese mensaje recorre toda la estructura.
Un país que no tolera debate interno en educación, no está transformando nada, únicamente está administrando el rezago.
Porque la educación no fracasa por exceso de crítica, fracasa por exceso de control político y mientras el poder siga privilegiando obediencia sobre resultados, el sistema seguirá produciendo lo único que garantiza esa fórmula: generaciones con menos herramientas, menos oportunidades y menos futuro.
La pregunta ya no es quién tiene la razón dentro de la Secretaría o si una persona está por encima de las instituciones, la pregunta es más incómoda:
¿Queremos un sistema educativo que forme pensamiento crítico y reduzca la deserción, o uno que premie la lealtad política, aunque los alumnos sigan abandonando las aulas y quedándose atrás frente al mundo?
POSDATA:
“… es momento de que otros encargados de despacho, entiendan que la presidenta estáejerciendo el poder que Marx Arriaga ya tiene sustituta y quien lo nombro… también…”
Es tiempo de los ciudadanos …. ¡¡¡¡ no atrincherados!!!!
Abelardo Pérez Estrada
Empresario, Analista, Expresidente CANACINTRA

