Humberto Castillo Mercado
Cada tarde, cuando el sol comienza a caer sobre la colonia Industrial de Morelia, un grupo de jóvenes se reúne en el parque 150. No los une una membresía, ni el prestigio de un gimnasio; los reúne la voluntad de salir adelante. Practican calistenia, una disciplina que se ha convertido para ellos en refugio, terapia y motivación.
Muchos provienen de colonias populares cercanas al Centro Histórico —Las Flores, Las Margaritas, El Porvenir, Melchor Ocampo— y varios han enfrentado entornos familiares desintegrados, problemas de adicción o crisis emocionales. En las barras encontraron una vía para resistir, transformar su realidad y construir comunidad.
Ahí no hay cuotas ni prejuicios. Da igual si eres novato o experto, si vienes de un centro de rehabilitación o del trabajo. “Aquí todos somos iguales, somos camaradas”, dicen.

Menos espacio, menos equipo
Recientemente, el parque fue remodelado por el Ayuntamiento de Morelia; sin embargo, los jóvenes aseguran que las obras redujeron el número de aparatos disponibles. Ahora, el espacio es más pequeño y quedó “acostado”, como lo describe Rafael Calderón, uno de los entrenadores que, sin cobrar un solo peso, coordina y anima las rutinas.
“Nos dejaron sin entrenar durante meses, y al final regresamos, pero con menos equipo. Necesitamos más barras, más infraestructura”, reclama Rafael, mientras exhorta a los tres niveles de gobierno a apoyar iniciativas como la suya. También hace una invitación directa: “Si tropezaste con el mundo de las drogas, ven aquí. Te arropamos y te ayudamos a entrenar, sin importar lo que hayas vivido”.
La remodelación los dejó sin acceso a los sanitarios, a los cuales solo pueden entrar quienes pagan la cuota para las canchas de fútbol.

Un motor para la juventud
Miguel Piñón empezó en la calistenia a los 14 años, durante la pandemia. Hoy, con orgullo, afirma que esta disciplina fue su motor para mantenerse firme y también para ayudar a la “banda”, como llama con cariño a sus compañeros.
“Las barras nos han salvado de las drogas”, dice con firmeza. Cada tarde, a partir de las siete, acude al parque y motiva a otros jóvenes a sumarse. Para él, lo importante no es el nivel de condición física, sino las ganas de cambiar.

Una vía contra las adicciones
Pedro Alexis, representante de un centro de rehabilitación ubicado en la colonia Primo Tapia Poniente, confirma el impacto de estas prácticas. “Las barras son una alternativa real. Tenemos chicos que superaron el cristal, que ahora se sienten parte de algo, con camaradas, sin ser juzgados”, explica.
También advierte que el consumo de fentanilo comienza a expandirse en Morelia, lo cual hace urgente fortalecer las opciones de esparcimiento y prevención.

La respuesta oficial
La secretaria de Desarrollo Urbano y Movilidad del Ayuntamiento, Joanna Moreno Manzo, informó que el proyecto de remodelación del parque aún está en curso. Aseguró que ya se instalaron las barras contempladas en el diseño original, pero que si los jóvenes desean más equipo deben solicitarlo de forma oficial, por escrito, dirigida a su dependencia.
“El área instalada es la que estaba proyectada, pero si hacen una petición formal, podemos evaluar una posible modificación”, comentó la funcionaria en entrevista telefónica.
Mientras tanto, los jóvenes continúan entrenando, cuidando su espacio y su salud. A veces acompañados por rondines de la Guardia Civil y Policía Morelia, que refuerzan la sensación de seguridad. Pero lo más valioso, aseguran, es saber que no están solos y que apoyarán a todos aquellos que gusten ir.





