Humberto Castillo Mercado – Morelia, Michoacán
Entre el ruido de motores, las banquetas calientes y los negocios del fraccionamiento La Loma, al poniente de Morelia, un pequeño perro callejero se había convertido en parte del paisaje cotidiano. Entraba y salía de un taller mecánico, caminaba entre autos y comerciantes, y siempre encontraba alguna mano que le ofreciera comida o una caricia.
Todos lo conocían.
Pero un día apareció herido de una pata.
Nadie supo exactamente qué ocurrió. Tal vez un automóvil lo atropelló. Tal vez alguien lo lastimó. Lo cierto es que la lesión empeoró rápidamente y el perro comenzó a caminar con dificultad, arrastrándose entre las calles del fraccionamiento mientras la gente lo observaba con tristeza, aunque sin intervenir.
“Platíqueme qué le pasó”, se le pregunta a la mujer que hoy lo resguarda en su hogar.
Doña Nancy baja la mirada hacia el pequeño can, que ahora descansa tranquilo dentro de una casa humilde donde habitan otras mascotas rescatadas. El perro mueve la cola apenas escucha su voz.
Cuenta que durante días vio cómo el animal sufría sin que nadie decidiera ayudarlo realmente. Algunos vecinos preguntaban qué tenía; otros simplemente seguían de largo. Nadie lo llevó al veterinario.
Entonces ella decidió actuar.
“Como pude y a la brava”, relata al recordar la rudimentaria cirugía y las curaciones improvisadas que realizó para intentar salvarle la vida. Sin recursos económicos suficientes y únicamente con la voluntad de ayudar, lo llevó a su casa y comenzó a cuidarlo.
Fueron noches de preocupación.
La infección avanzaba y el miedo de perderlo estaba presente todos los días. Aun así, ella no se rindió. Lo alimentó, limpió sus heridas y permaneció pendiente de él mientras el perro luchaba por sobrevivir.
Y sobrevivió.
Hoy el pequeño corre por la vivienda, juega, hace travesuras y se comporta como un integrante más de la familia. Ella sonríe cuando habla de él y asegura que el cariño que le tiene es todavía mayor porque estuvo a punto de morir.
“Lo amo más porque casi se me va”, expresa mientras lo acaricia.
Afuera, algunas personas todavía la critican por tener tantos perros dentro de una casa sencilla y reducida. Pero ella no se avergüenza. Se define como una auténtica animalista, convencida de que los animales le han dado compañía, motivación y sentido de vida.
Mientras muchos vieron solamente a un perro callejero herido, ella vio una vida que merecía otra oportunidad.
Doña Nancy busca ayuda entre protectores de animales para realizar su cirugía de manera adecuada.

